Conocí «El Ateneo» cuando tenía 7 u 8 años, en la sucursal más antigua de la calle San Martín, enfrente del diario «La Nación», donde trabajaba mi madre y mi abuelo. Un recuerdo feliz de la infancia pasar por el diario y después cruzar la calle para recorrer esos amplios pasillos con islas y bibliotecas repletas de libros. Ahí compré mis primeros ejemplares de «Las aventuras de Tintin», o la colección completa de «Los Tres Investigadores», y muchos otros.  ¡Quién iba a decir que 50 años después El Ateneo iba a publicar un libro mío!

Sólo tengo palabras de reconocimiento y de agradecimiento a todos los que participaron en la edición: desde Marcela Luza, directora editorial, que le dio una oportunidad, Marina Von der Pahlen, que aconsejó y fijó las reglas del proceso, y Mónica Ploese que hizo un extraordinario trabajo de edición y corrección, así como todos los profesionales que trabajaron en el diseño de portada, la maquetación y los textos promocionales. Como autor, me siento un privilegiado de haber trabajado con ese equipo.

¿Qué es «La legión secreta del sur»? Es una novela, basada en una historia real, casi olvidada, de cuando las exportaciones de materias primas argentinas podían ser decisivas en una guerra global. Así como suena.  El Imperio Alemán y la Entente Francobritánica, intentando vencer en la guerra abasteciendo a sus civiles y soldados, al mismo tiempo que condenaban al hambre a sus adversarios.  En ese objetivo ambos bandos utilizaron todo tipo de tácticas y armamentos: sabotaje, terrorismo, espionaje, guerra psicológica, propaganda, submarinos y, finalmente, ataques bacteriológicos. Todo ello bien documentado en los archivos históricos.

Y es la historia de un presidente sin experiencia en cuestiones internacionales que, contra todo pronóstico, consiguió una de las victorias más importantes del conflicto sin disparar ni un solo tiro. Y también la de un país donde ocurría algo que hoy parece impensable en estos tiempos de polarización: que adversarios con enormes diferencias políticas, ideológicas y hasta personales cooperasen para lograr un objetivo común. Algo se rompió después.

Finalmente, por supuesto, como en todo libro no se puede evitar que el autor transmita de una u otra forma sus vivencias personales: secretos desencriptados, noticias falsas, enormes fallos de seguridad, diferentes formas de engaños que uno ha visto en su vida profesional. Y también sobre el manejo de las situaciones de crisis por parte de los mandos medios en las grandes organizaciones. En el laberinto de la guerra, Wilhelm Faupel tendrá que lidiar con dilemas éticos muy serios y tendrá que tomar decisiones muy parecidas a las que todos hemos tenido que tomar alguna vez.

Una última palabra para reconocer al primero que llamó «libro» a esta historia ha ya más de 15 años: el fallecido Horacio Vázquez-Rial, que rescató en su libro «Perón, tal vez la historia» a algunos de los personajes que vemos aquí. Horacio también me enseñó a leer críticamente y con una segunda mirada los documentos históricos.

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