El principal problema de la burbuja fue
que actuó como una tremenda “diversión” del proceso evolutivo que habían
llevado adelante las corporaciones, que cada vez aplicaban más la tecnologías a
su negocio.  Sobre todo en los años 1998 a 2000, las iniciativas
de Internet absorbieron una enorme cantidad de recursos en las empresas
tradicionales, “secando la plaza” para otro tipo de iniciativas.   Esto se pagaría en los años siguientes, con
una brutal reducción de presupuestos de TI.
Los directivos y ejecutivos de las
corporaciones se sentían engañados, timados, habían apostado por la nueva
economía y esta les respondía destruyendo valor y defraudando
expectativas.  No se había alcanzado
ninguno de los objetivos a los que se pretendía llegar.  Por eso aplicaron un castigo durísimo.  No hubo durante varios años, dinero ni apoyo
político para invertir en iniciativas de TI, y muchos menos de Internet.
A esto hay que sumar, con menos
importancia, el efecto 2000.  Desde 1995
en adelante ciertos analistas, prensa y consultores alertaron sobre la
posibilidad de una crisis informática en el año 2000, debido a que una gran
parte del software histórico, pero todavía en operación, había sido diseñado
para operar con sólo dos dígitos para el año. 
Mientras el número crecía no pasaba nada, pero al llevar a cero esta
cifra, ciertos algoritmos informáticos podían empezar a fallar, con la
consecuencia de que muchos sistemas se detendrían o trabajarían erráticamente.
 

Un ejemplo del mensaje catastrófico alrededor del problema del año 2000

La amenaza era real, sobre todo en las
empresas que utilizaban software más antiguo, heredado de los grandes equipos.  Muchos bancos, empresas de tarjetas de
crédito, gobiernos, líneas aéreas, todavía utilizaban este código antiguo.  Esto afectaba también al software interno de
hardware y software de base (incluso muy reciente). Pero la respuesta de la
industria al problema fue que las empresas debían invertir una enorme cantidad
de dinero en Y2K compliance.

Fabricantes de hardware y software
salieron a vender sus nuevas versiones “compatibles año 2000”, consultores ofrecían
servicios de asesoramiento, cambio de sistemas y transformación de
programas.  Software factories se
montaron con profesionales con conocimiento de los antiguos lenguajes de
programación para reparar el código y en consecuencia las empresas gastaron
otra masa de dinero en asegurarse de superar la crisis del 2000.  Hubo una cierta decepción cuando tras el gran
día no se apreciaron grandes problemas en las empresas (se suponía que no todas
habrían llegado a tiempo o lo habrían hecho bien), pero la realidad es que hubo
muy pocos problemas.  Otros empresarios
se sintieron timados.
La industria tecnológica “madura”
sufrió el parón por dos vías distintas. 
Por un lado perdieron a sus clientes .com, que habían empezado a ser una
fuente interesante de ingresos, sobre todo para los productos más modernos e
innovadores.  Habían dedicado además una
enorme cantidad de recursos a la I+D,
sobre este subsector que ya no podían aprovechar.  Por otro lado, pagaron la reacción de las
corporaciones “brick and mortar”, que tampoco les compraban en la misma
proporción anterior.
Por otro lado, tanto unas como otras,
habían perdido miles de excelentes profesionales, migrados a las .com, que
actualmente se hallaban en el paro y sin poder volver a contratarlas, porque
ellas mismas estaban reduciendo personal. Esta fue la primera crisis grave que
sufrieron los fabricantes de las tecnologías que habían despuntado en los ´80:
Microsoft, Cisco, Intel vieron como sus ventas caían y el valor de sus acciones
se desplomaba.  Todos tenían productos excelentes
que nadie utilizaba.
Empezaba un dura travesía por el
desierto….
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